Abril 2017
PERSONAS vs GENTE
Dentro de lo que llevamos de siglo (que empieza a ser contundente) América del Sur anda por su tercera ola populista, Europa por la segunda y América del Norte por su primera.
Las organizaciones y grupos políticos, en el poder o aspirando a conquistarlo, gritan reclamando defender, exigiendo sin tasa pretendidos “derechos de la gente”.
La gente es su coartada para “asaltar el poder” y desde él liquidar los derechos de las personas.
Coetáneamente con estos grupos y frente a estas corrientes ideológicas pretendidamente democráticas, hay otras organizaciones que se esfuerzan y trabajan por hacer realidad los derechos de las personas.
Me refiro a las ORGANIZACIONES ALTRUISTAS (OA) que, tanto desde iniciativas laicas como religiosas, llevan a cabo una actividad creciente, fundamental, más que relevante, imprescindible, para el desarrollo social de las personas en cualquier parte de nuestro atribulado mundo, sin distinción de razas, religión, sexo o ideas.
En ellas tenemos (y encontramos cada día) nuestra razón de ser y nuestra misión.
Uno de los riesgos populistas es el de tratar de enfrentar unas personas con otras, por motivos étnicos,
religiosos o ideológicos. Los populismos acaban implantando la xenofobia, unos contra otros. Frente a esto nos declaramos universalistas.
Uno más de los peligros reside en su oposición al mercado, limitando su apertura, imponiéndole corsés y
controles que ahogan la oferta y lo sustituyen por privilegios para minorías.
Frente a esto nosotros entendemos los mercados como un cruce de intereses en busca de un punto de
encuentro. Al fial los mercados son un instrumento para alentar la actividad económica, el desarrollo y la
satisfacción de necesidades de las personas.
SUBSIDIARIEDAD vs TOTALITARISMO
A veces, muchas veces, el principio de subsidiariedad encuentra en grupos, organizaciones y medios de
difusión interpretaciones muy ajenas a lo que se trata:
Que lo que pueda hacer uno por sí mismo (o uniéndose con otros) no venga un escalón superior a inmiscuirse privándole de toda o de parte de su libertad de acción y decisión.
Lo anterior empieza en la persona, en sí misma y en su capacidad de libre asociación, llega a las organizaciones sociales de todo tipo y, después, sólo después, entra en la organización política y camina hasta lo supranacional.
Tampoco el principio de subsidiariedad está ausente de marcos de regulación que posibiliten la convivencia y la coordinación pero siempre preservando la libertad y la capacidad de iniciativa.
Ahí también nos encontraremos, apoyando a iniciativas personales y de organizaciones de base, de misión altruista y de búsqueda del desarrollo de las personas.
Facta, non verba (¡Hechos, no palabras!)

Gerardo Salvador